Producción de truchas en la estación de investigación y desarrollo del Chaupiñan( A. del Valle)



Cuando decidimos acompañar a nuestro querido Jorge Mercado, socio fundador de COPRODESA, con sus viejas inquietudes en ir escudriñando caminos alternativos para sus amados Valles Calchaquíes, nunca imaginamos que la travesía nos envolvería tanto emocional como físicamente a ésa tierra, tan de monte y de bolsones, tan semiárida como secreta.


Pero aquí estamos junto a Jorge, entrelazando oportunidades, historias, memoria y vida de antiguos moradores, naturaleza y esperanzas. Así fue que el Centro de Orientación Productiva y Desarrollo Socio Ambiental se establece en el paraje Los Sauzal, en la granja El Chaupiñán, para apuntalar allí su primera Estación de Investigación y Desarrollo (EIyD) destinada al ensayo de oportunidades sustentables en gestión socio-económica que permitan la estabilidad de los Pueblos Originarios que lo habitan como la conservación de los ecosistemas semiáridos de la Provincia de Tucumán.


Desde entonces COPRODESA lleva adelante parte de sus postulados institucionales mediante la labor desplegada en la EIyD El Chaupiñán, transitando experiencias vinculadas a las energías renovables, el turismo responsable y la producción de alimentos con alta adaptabilidad a las condiciones agroecológicas, eficiente uso y puesta en valor de los bienes ambientales y culturales locales.


Hilvanando los argumentos expuestos, la estrella del lugar es una de las pasiones de Jorge: la cría de peces. Y lo que empezó como mezcla de hobby y futura jubilación, se convirtió de la mano de COPRODESA en un propósito que potencie las características productivas de las cuencas semiáridas en las tierras comunitarias de Amaicha del Valle. Y hacia allí enfilamos los esfuerzos en la cría de truchas iniciada por nuestro asociado.


Respondiendo al objetivo fundacional de nuestra Asociación, donde en una de sus partes destaca: “…será contribuir mediante planificaciones y trabajos concretos, al desarrollo de nuestra provincia de una evolución urbana y rural que armonice con los criterios ecologistas de conservación y sustentabilidad…”, nos propusimos afianzar la experiencia en la EIyD El Chaupiñán para hacerla un polo demostrativo en la producción de truchas socio ambientalmente soportable, viable en lo económico ambiental y socio económicamente equitativo. Pues ya sabemos que la trucha es un pez perteneciente a los salmónidos y que no es nativo de ésta región. Numerosos estudios científicos y trabajos de difusión muestran los impactos negativos que provoca su presencia en los diferentes cursos de agua a los cuales son liberadas sin pertenecer a su biotopo. La salida para este problema no es novedad y está muy practicada, como lo es la cría fuera de río, en piletones ó estanques. Aun así subsiste un inconveniente para esta práctica en el ambiente de Amaicha, y es la escasez de agua, una limitante significativa para aprovechar las ventajas agroecológicas para la cría de truchas.


También como ecologistas no podemos negar nuestro enfoque más allá de la pesca deportiva. Y no podemos desconocer los aportes positivos que para la alimentación y la salud de las personas tiene el consumo de estos peces. Y que los pobladores locales puedan diversificar su nutrición y su economía mejorando también su salud, hace que desde el ecologismo aportemos concretamente a nuestra soberanía alimentaria y productiva. A modo somero generalicemos sobre algunas bondades de lo que acabamos de indicar. ¿Qué enfermedades previene la trucha?: cuenta con un alto valor proteico que fortalece y acelera el crecimiento de los músculos. Contribuye, también, con el desarrollo del cerebro y previene enfermedades cardiacas y mentales, debido a su rico contenido en omega 3. ¿Cuáles son los beneficios de la trucha?: es un pez rico en selenio, fósforo, potasio o magnesio y vitaminas del grupo B, imprescindibles para que nuestro cuerpo pueda desarrollar sus funciones normalmente, así como para fortalecer músculos y huesos. ¿Faltarían más motivos para que como ecologistas nos esforcemos en lograr la sustentabilidad de un modelo para hacer de Amaicha y sus pobladores un núcleo productor de significancia?


Mientras andamos, los esfuerzos realizados se animan a darnos frutos. Y es aquí que desde el mes de junio el Ing. Jorge Mercado, Coordinador de la EIyD, se instaló en ella con el propósito de que las truchas desoven, cosa que nunca había ocurrido en Amaicha. Con las ansiedades y expectativas a flor de piel fueron trascurriendo las semanas, pero aún en medio del escenario pandémico, pudimos celebrar que después de muchas, pacientes, cuidadas y mil veces releídas y consultadas técnicas, apoyado en pocas herramientas dado al exiguo presupuesto, Jorge nos informara con emocionadas palabras seguida de una “catarata” de fotos y registros, que el objetivo estaba cumplido. Las truchas habían desovado por primera vez en El Chaupiñán y en Amaicha. Ahora sólo quedaba esperar la evolución de los huevos. Las primeras señales llegaron a fines de julio. Luego de muchos días de descartar innumerables huevos sin vida que indicaban llevar la experiencia a un callejón sin salida, muchos de ellos, los más grandes se presentaron a la vista transformados en enormes ojos que con el transcurrir de las horas fueron cobrando tamaño y formas móviles. Muchos perecieron, pero otros, aferrados a la vida siguieron zigzagueantes movimientos que transformaron la cámara de nacimiento en una explosión vibrante de agua viva. ¡Alevinos! ¡Alevinos!


Habían nacido… Otro llamado de Jorge, y lluvia de imágenes. Habían nacido por primera vez, truchas amaicheñas. A seguir esperando, observando, estudiando, anotando, midiendo, todo lo necesario para seguir de cerca la evolución de estos alevinos… Hoy muchos de los olivinos ya abandonaron su saco vitelino, y muestran marcados signos de vitalidad. Aunque las observaciones seguirán, podemos sostener que el éxito de sobrevivencia marca en alsa. En COPRODESA estamos convencidos que desde las experiencias realizadas y por realizarse en nuestra EIyD, podrán replicarse a distintas escalas y en diferentes microcuencas que la Comunidad Indígena de Amaicha (CIAV) decida, la cría sustentable de truchas. Un aporte ecologista a la economía, la alimentación y la salud del pueblo.




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